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  • Dolors Vilà Gironella

El trauma del desarrollo

Actualizado: 14 dic 2021

Según las investigaciones de Bessel Van der Kolk


El neuropsiquiatra Bessel Van der Kolk, experto en el campo del trauma y sus repercusiones, apareció este pasado 18 de noviembre en la Contra del periódico La Vanguardia. Ver entrevista


De origen holandés y afincado en Boston, en la década de los noventa observó las manifestaciones del trauma en los veteranos de guerra del Vietnam que acudían a su consulta: pesadillas, flashbacks, irritabilidad, hiperactivación nerviosa y sensación de sentirse muertos por dentro, entre otras.

Fuente de la imagen: latercera.com
Bessel van der Kolk - Fuente de la imagen: latercera.com

Estos síntomas formarían parte de lo que hoy en día llamamos TEPT (Trastorno por estrés post traumático), y fue validado en su momento como trastorno por la Asociación Americana de Psiquiatría, gracias a las investigaciones llevadas a cabo por van der Kolk y otros relevantes psiquiatras e investigadores.

Concretamente, las investigaciones desarrolladas por él demostraron cómo la experiencia traumática cambia la percepción y elimina la noción del tiempo, de forma que la experiencia se revive como si estuviera sucediendo en el presente.


Mediante pruebas como escáneres cerebrales, se pudo ver qué sucedía en el cerebro al procesar recuerdos, sensaciones y emociones relacionadas con una situación traumática: se observó que una parte del hemisferio derecho (zona límbica, también llamada “cerebro emocional”) se activaba y una parte del hemisferio izquierdo (zona prefrontal) se desactivaba.


El hemisferio derecho o cerebro emocional segrega hormonas del estrés ante una amenaza. En condiciones normales, una vez que ésta desaparece, el equilibrio se restablece, pero no ocurre así en las personas traumatizadas, que pueden interpretar como amenaza cualquier estimulo inofensivo debido a su percepción alterada.


Por otro lado, la desactivación del hemisferio izquierdo o zona prefrontal, que incluye el área que rige el lenguaje, tiene un impacto directo sobre el habla y sobre la capacidad de pensar y organizar las acciones, inhibiéndolas o modulándolas.


Aunque el trauma empezó a estudiarse con los veteranos de guerra, no es exclusivo de ellos. Según se ha demostrado en diversos estudios que el científico cita en su libro “El cuerpo lleva la cuenta”, un altísimo porcentaje de adultos traumatizados habían tenido experiencias infantiles adversas, tales como abusos o haber presenciado violencia doméstica.


Se ha podido comprobar la importancia de los vínculos y el apego seguro (presencia de

un adulto sensible y atento en la infancia), especialmente en las primeras etapas del desarrollo, no existiendo peor situación para un bebé que el hecho de que la persona que debería cuidarle sea fuente de angustia y terror.


Según los estudios realizados por Van der Kolk, los bebés deben explorar para aprender y esto sólo pueden hacerlo de forma óptima en un entorno seguro. De lo contrario, en su mente se configura un “mapa del mundo” (lo que cabe esperar) basado en sus experiencias adversas. El neuropsiquiatra llamó a este fenómeno: “trauma del desarrollo”, aunque su propuesta en 2009 de incluirlo en el Manual de Diagnósticos de la Asociación Americana de Psiquiatría, lamentablemente no fue – y sigue sin ser- aceptada.


Consecuencias de la falta de diagnóstico del “trauma del desarrollo”


Algunos de los niños o adultos con múltiples diagnósticos (depresión, trastorno desafiante oposicionista, ansiedad, TDAH…) serían diagnosticados de Trastorno del desarrollo y por consiguiente el tratamiento sería diferente.

A partir de este diagnóstico se entendería la depresión, el oposicionismo, la ansiedad o la hiperactividad bajo un prisma totalmente distinto: El foco estaría en qué le ocurrió en una etapa determinada y cómo afecto a su desarrollo posterior y no en resolver los problemas conductuales.



¿Qué tratamientos propone?


Debido a que el trauma se expresa a través del cuerpo (taquicardia, cefaleas, respiración acelerada, problemas intestinales, insomnio...) y que la vía cognitiva ha demostrado ser ineficaz (¿de qué sirve decirle a alguien que no debe sentir lo que siente?), algunos de los tratamientos de elección también son a través del cuerpo: meditación, respiraciones, yoga, Qi Gong…


Existe una conexión entre el cerebro, el corazón y los pulmones. Dicha conexión tanto va en un sentido (del cerebro al cuerpo), como en el contrario. Es decir, que el trabajo corporal acaba repercutiendo en la mente y viceversa, por lo que la clave estaría en calmar el sistema nervioso de manera que la parte cognitiva y ejecutiva puedan funcionar: pensar, decidir, resolver problemas, organizarse o planificar.


Otros tratamientos van dirigidos a desbloquear ciertas áreas del cerebro, ya sea mediante movimientos oculares (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) o mediante electrodos (Neurofeedback).


Grosso modo, el tratamiento constaría de tres fases: estabilización del paciente (calmarle), poner fin a sus recuerdos traumáticos y reconectar con su entorno.

Besser van der Kolk menciona como gran reto aprovechar la plasticidad del cerebro y los circuitos cerebrales en beneficio de todos porque, es sabido, el trauma alimenta al trauma y la gente herida hiere a los demás.


Siempre se debe tener en cuenta que los tratamientos más efectivos para un paciente pueden no serlo para otro, pero en definitiva el objetivo es conseguir la autoregulación y el restablecimiento del sentido del tiempo, que se ha perdido por la afectación de una zona del córtex cerebral. Es importante saber que las manifestaciones del trauma no van a durar siempre y que podemos hacer algo para calmar nuestro sistema nervioso y poder avanzar.


Personalmente, considero que es necesaria una amplia concienciación, especialmente de padres y profesores, de la importancia crucial de las primeras etapas del desarrollo, así como de crear entornos seguros para la infancia. De ese modo, se podrán prevenir y evitar muchos de los trastornos infantiles, de la adolescencia y la edad adulta.

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