La autoestima

La autoestima

¿De qué hablamos cuando hablamos de autoestima?

Cuando hablamos de autoestima hablamos de querernos, de valorarnos y reconocer nuestros puntos fuertes y nuestras limitaciones. Hablamos de aceptarnos.
Y sobre todo, de no depositar la apreciación de nuestra valía en los demás.

Tener una visión objetiva de nosotros mismos no resulta fácil porque el autoconcepto está vinculado a las valoraciones que hemos recibido de nuestro entorno a lo largo de la vida, especialmente en la niñez.

A muchos jóvenes y adultos les cuesta creer en ellos mismos porque tienen en su mente mensajes descalificadores recibidos en la infancia como por ejemplo

“eres el peor de la clase” o “no sirves para nada”.

Algunos mensajes como estos, han tenido consecuencias muy negativas en la vida de las personas y por ello no es fácil substraerse a su influencia, pero aún así se puede conseguir.

¿Por qué dejarse condicionar por comentarios como “no conseguirás nada”? ¿Tiene sentido darles credibilidad?

Cuando en la edad adulta sentimos que somos menos que el otro,
estamos reproduciendo en realidad lo que experimentamos cuando nos decían que el hermano, hermana, compañero o compañera lo hacía mejor, era más guapo o más inteligente.

En los cimientos del complejo de inferioridad – íntimamente relacionado con la
autoestima-se encuentra el haber sido partícipe en la infancia de la estrategia de
algunos padres de no decir nunca a un hijo o hija que ha hecho algo bien para que
no deje de esforzarse.

Esto provoca consecuencias negativas en los jóvenes, que aunque tengan buenas cualidades para las ciencias, las letras, los deportes o las artes (por ejemplo),
se sienten mediocres porque tienen grabado en su mente que NUNCA son SUFICIENTEMENTE buenos.

Nuestros padres, familiares y educadores lo han hecho lo mejor que han sabido, pero sus mensajes a veces desalentadores,  no han sido más que palabras que respondían a un tiempo, contexto e intención.

Si han condicionado nuestra vida ¡ya es hora de que dejen de hacerlo!

 La baja autoestima

¿Por qué persiste cuando ya no se reciben los mensajes descalificadores
de la niñez? ¿Cómo puede ayudar la psicoterapia?

La baja autoestima (también) se alimenta del perfeccionismo.
Si nunca consideramos que lo que hacemos está suficientemente bien, nunca nos sentiremos satisfechos.

Debemos enorgullecernos de lo que hacemos, aunque no sea perfecto, felicitarnos por haberlo intentado. La perfección es subjetiva e inalcanzable.

El sentimiento de culpa es otro generador de baja autoestima.

Culparse es victimizarse sin mejorar nada.
En cambio, responsabilizarse es asumir las propias acciones.

Mientras la culpa paraliza, la responsabilidad aporta madurez, aprendizaje y soluciones.

Persistir en la búsqueda de la valoración y aprobación externa es andar un camino incierto. Un camino cambiante y sin brújula, porque la dirección y el destino no dependen
de nosotros sino de nuestra percepción de las expectativas del otro.

Con la psicoterapia psicodinámica (En la consulta psicológica) trabajamos las resistencias a reconocer la propia valía y ayudamos a revisar las ideas distorsionadas sobre nosotros mismo, a desvincular la valoración propia de la ajena.

Ayudamos a la persona a aprender a responsabilizarse sin culpabilizarse, a evitar las comparaciones estériles y autofrustantes y a identificar los miedos y ponerse objetivos realistas.

Mantener objetivos inviables asegura una fuente de frustración permanente.

Si te has pasado años creyendo aquello negativo que alguien te dijo,

¡es tiempo de dejar de hacerlo! Perdónate, permítete, prémiate.

Reconoce tu valía y recuérdatela.

Deja atrás los mensajes del pasado que te impiden avanzar:
son palabras a las que dimos una credibilidad y un valor que probablemente no tenían.