¿Por qué la guerra? Correspondencia entre Einstein y Freud

¿Por qué la guerra?. Correspondencia entre Einstein y Freud¿Por qué la guerra?. Correspondencia entre Einstein y Freud

¿Por qué la guerra?” es el título de una carta que Einstein escribió a Freud en el año 1932 durante la Segunda Guerra Mundial.

Con esta correspondencia, Einstein pretendía –tal vez un poco ingenuamente- que Freud contribuyera con sus aportaciones sobre psicología a marcar un camino hacia la paz mundial. Quería averiguar si era posible controlar la evolución mental del hombre, con el fin de salvarlo del odio y la destructividad, ya que estaba seguro de que existían fuertes juegos psicológicos que paralizaban los esfuerzos para evitar la guerra.

Le planteaba cuestiones como si había alguna forma de evitar los estragos de la guerra, o cómo era posible que una minoría –refiriéndose a la clase dominante- sometiera la voluntad de la mayoría y consiguiera despertar en muchas personas un entusiasmo, que les llevara incluso a sacrificar su vida.

Resulta descorazonador que después de más de ochenta años, la guerra continúe causando estragos en la tierra –como por ejemplo en Siria, Irak y tantos otros lugares-, que algunas minorías sigan sometiendo la voluntad de las mayorías y que siga habiendo personas decididas a sacrificar su vida, como ha sucedido recientemente en los atentados terroristas de Francia, Bélgica o Pakistán.

La carta de respuesta de Freud empezaba recordando que en el reino animal, los conflictos de intereses, en principio se resuelven mediante la violencia, aunque seguidamente apuntaba, de manera más positiva, que la violencia sólo se podía combatir mediante la unión. En relación a la pregunta de por qué resultaba tan fácil entusiasmar a los hombres con la guerra y a la conjetura de Einstein de que les movía una pulsión a odiar y aniquilar, Freud coincidía con él, y añadía que en el ser humano hay dos tipos de pulsiones: las de conservación y las de destrucción.

Exponía que cuando los hombres eran exhortados a la guerra y respondían a ella afirmativamente, podía ser por motivos nobles… o no y que, delante de hechos crueles de la historia, a veces se tenía la impresión de que los motivos ideales sólo habían servido de pretexto para la destrucción y, otras veces, que a pesar de haber motivos ideales, la pulsión de destrucción había actuado como un refuerzo inconsciente.

Continuaba diciendo que todo lo que establecía lazos de sentimiento entre los seres humanos ejercía un efecto contrario a la guerra, y estos lazos podían ser vínculos de amor o por identificación. Creía que lo ideal sería una comunidad de hombres que hubieran sometido la vida pulsional a la razón. Sin embargo, añadía que ésta era probablemente una esperanza utópica.

Finalmente, Freud dejaba albergar un rayo esperanza que podía llegar de la mano de la cultura. Afirmaba que “la guerra contradice de la manera más flagrante las actitudes psíquicas que nos impone el proceso cultural y por eso nos vemos precisados a sublevarnos contra ella… acaso no sea una esperanza utópica que la influencia de dos factores, la actitud cultural y la justificada angustia delante de los efectos de una guerra futura, haya de poner fin a las guerras en una época no lejana. Por qué caminos, no lo podemos colegir. Entre tanto, tenemos derecho a decirnos: todo aquello que promueva el desarrollo de la cultura trabaja también contra la guerra”.

Freud habla de “cultura” en singular, lo cual nos hace pensar que se refiere a una cultura compartida o en todo caso a culturas (en plural) más homogéneas que las involucradas en los conflictos actuales. Desafortunadamente, la heterogeneidad cultural –y religiosa- no facilitan la erradicación del problema. Freud acababa la carta pidiendo disculpas a Einstein por si su exposición le había decepcionado. Es posible que le decepcionara, como nos decepciona a nosotros ver que, transcurridos más de ochenta años, la guerra -aunque con distintas formas de manifestarse- continúa causando estragos en nuestro planeta y los humanos no hemos conseguido dominar la pulsión de destrucción por medio de la cultura ni por ningún otro medio.

Bibliografía

Freud, Sigmund. Obras completas: nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis y otras obres. Buenos Aires: Amorrortu, 2004. V.22.