¿Cómo dejar de ser un “comodín”?

¿Cómo dejar de ser un “comodín”?

Un comodín es, según el Diccionario de la Real Academia Española, ”una persona o cosa que sirve para fines diversos, según la conveniencia de quien dispone de ella”.

Este término se utiliza en el mundo del deporte para identificar al jugador que puede jugar en distintas posiciones o en el mundo laboral para describir a un trabajador polivalente, pero también encontramos personas comodín en otros ámbitos, como el familiar.

En la familia, estas personas intentan llenar todos los huecos. Suelen levantarse antes que nadie para despertar a los hijos, al marido o a la esposa, preparar el desayuno, sacar al perro, poner la comida al gato y acompañar a unos y a otros a la escuela, el trabajo o el dentista. Se diferencian de las personas multitarea en que, mientras éstas realizan muchos trabajos al mismo tiempo, las personas comodín realizan tareas, no necesariamente al mismo tiempo, que podrían o deberían ser realizadas por otras personas. Se reorganizan permanentemente para encajar y compatibilizar sus propias obligaciones con las que les delegan o ellos toman prestadas. Al no conseguir llegar a TODO, sienten que han fallado y fracasado.

Pedro es un empleado que a menudo sentía que fallaba. Quería que todo saliera perfecto y, cuando el equipo se distribuía el trabajo, esperaba a ver qué tareas escogían todos, antes de asignarse él las que nadie había elegido. A continuación, evaluaba en qué podía fallar cada miembro del equipo para, como buen comodín, estar dispuesto a subsanar cualquier error.

María, una mujer de sesenta y tantos, se quejaba de cansancio y falta de energía. Cuando le pregunté qué hacía durante el día, enumeró un sinfín de “obligaciones” que se desarrollaban en unos horarios imposibles que cambiaban día a día, dependiendo de los trabajos, estudios y ocio de sus hijas, yernos y nietos. Era la perfecta mujer comodín.

¿Qué induce a estas personas a convertirse en comodines? ¿Qué se esconde detrás de su incapacidad para poner límites y decir “no”?

 

Decisión SI/NO

En muchos casos, encontramos una necesidad de control, perfeccionismo y falta de confianza en los demás. Están convencidas de que ellas siempre lo van a hacer mejor. En otros casos, vemos que su autoestima está ligada a una autoimagen de súper hombre o súper mujer. Y en otras muchas ocasiones, observamos sentimientos de culpabilidad por decir “no” y miedo a “perder” el amor que les profesan.

 

Estas son algunas de las cuestiones que Pedro, Marta y otros muchos Pedros y Martas tienen que plantearse para dejar de ser el comodín de todos y dejar de vivir “en función de” lo que los otros hacen, no hacen o cómo lo hacen. Una vez han tomado conciencia de la situación, se trata de ponerse a trabajar para cambiar la “auto imposición” por la “libre decisión”. Es decir, decidir libre y conscientemente lo que se va a asumir y lo que no.

Este proceso de cambio requiere poner límites, permitirse decir “no”, dejar que los otros asuman sus responsabilidades, aceptar que no se puede –ni se debe- llegar a todo ni perseguir la perfección. Y que el amor tiene que ser el motor de nuestros actos y no la recompensa. Sólo así se podrá conseguir dejar de ser un comodín a merced de la conveniencia de otros y con misiones, si no imposibles, si difíciles de cumplir.